Claro que urge repensar la nutrición desde una perspectiva de género.
La respuesta es tan clara como sencilla: una nutricionista —o cualquier profesional de la salud— que no haya cuestionado su formación patriarcal tenderá a reproducir modelos hegemónicos de belleza basados en estereotipos gordofóbicos. Y lo hará tanto en su vida personal como en su ejercicio profesional.

Esto se traduce, muchas veces, en pasar por alto mensajes que refuerzan la exigencia social de tener determinado tipo de cuerpo, en aceptar prescribir dietas innecesarias a personas con un peso saludable o en proponer herramientas de control como la báscula, creyendo que ese es el camino para alcanzar el ideal que nos enseñaron a perseguir: la delgadez.

Basta con echar un vistazo a las cifras sobre trastornos de la conducta alimentaria (TCA) en Argentina —donde nací— o en España —donde resido— para comprender no solo la magnitud del problema, sino también la urgencia de transformarlo.

Es cierto —como probablemente ya hayas leído en posts anteriores— que un TCA no se gesta exclusivamente a partir de los mandatos sociales sobre el cuerpo. Pero también es cierto que estos pueden ser un factor determinante en personas con cierta vulnerabilidad, o en contextos familiares, sociales o emocionales específicos.

Y aunque no sea todo, sí es una parte importante de lo que debe cambiar.
Ese será nuestro aporte.

Una nutricionista con una mirada deconstruida puede ver, en cada petición de cambio corporal, una oportunidad. No solo para acompañar la mejora en la relación con la comida o en la sintomatología que llevó a esa persona a consulta, sino también para sembrar una semilla de transformación. Una semilla que germine en forma de respeto, amor y cuidado genuino hacia una misma.

Un gesto pequeño, quizás, pero profundamente reparador frente a años de exposición a mensajes de castigo, rechazo y desprecio hacia el cuerpo.

Yo no puedo más que compartir el camino que me hizo, primero, mejor persona. Y después, mejor profesional.
Y si tú también trabajas en el ámbito de la salud, te animo a cuestionar los discursos aprendidos y a recorrer un proceso de revisión crítica que te permita acompañar desde un lugar más humano, ético y acorde a las necesidades actuales de nuestra sociedad.

Si sientes que necesitas un espacio para repensarte desde una perspectiva de género, libre de mandatos estéticos y cargado de conciencia, aquí estoy para ayudarte.
Como mencioné en el post anterior: no es necesario tener un diagnóstico para pedir ayuda.
A veces, el sufrimiento está en lo que hemos normalizado.
Y muchas veces, son nuestras creencias más arraigadas las que se vuelven disfuncionales para nuestro bienestar.

📚 Si quieres profundizar aún más en este tema, te recomiendo con fuerza los siguientes libros, que abordan el cuerpo, su significado y la cultura de las apariencias desde perspectivas críticas y liberadoras:

✨ El mito de la belleza
Una lectura que desmonta las expectativas culturales sobre cómo “debería ser” un cuerpo, enseñando a reconocer y cuestionar los mandatos que nos envuelven.

✨ Tu cuerpo no es una disculpa
Un libro que redefine la relación con el cuerpo y propone un enfoque de presencia, respeto y autenticidad, lejos de las exigencias y las autoacusaciones.

Si estás lista para transitar un cambio de paradigma con acompañamiento —no desde la pelea, sino desde la presencia— te invito a conocer mi acompañamiento en el PACK ALMA, un espacio diseñado para caminar este proceso con sostén, comprensión y herramientas integrativas.